Miércoles, Noviembre 22, 2017
   
Tamaño del Texto
Banner

Rugby Didáctico - V

Share

El entrenador como comunicador

Un buen entrenador de rugby no solo debiera tener conocimientos sobre los distintos aspectos del juego, sino que además – y más importante – debe saber comunicarlos. Si el entrenador no sabe comunicar el mensaje, la atención recibida por los jugadores será menor a la deseada.

El entrenador puede tener todos los conocimientos que haya en el mundo, pero si no puede o no sabe comunicarlos de nada servirá. A decir verdad, saber transmitir los conocimientos incorporados es lo que produce que esos conocimientos deriven en enseñanzas.

Desandar el camino para poder aprender, implica en primer lugar el hecho de saber y, como complemento, el hecho de poder transmitirlo. Esa brecha o distancia entre el saber y el transmitir es la que el entrenador deberá aprender e incorporar para que su mensaje llegue a buen puerto de la forma más clara y sencilla posible.

El primero concepto que se debe tener bien claro, es que el acto de comunicar es un acto en el que intervienen dos sujetos: el que da el mensaje y el que lo recibe; por lo tanto la comunicación no solo consiste en transmitir mensajes, sino también en recibirlos.

En virtud de lo mencionado, un entrenador de rugby siempre debe que estar abierto a escuchar.
Puede resultar – como decía el australiano Rod Macqueen – que una buena idea pueda surgir incluso de la persona menos pensada.

Muchos entrenadores suelen ser aptos para transmitir mensajes con fluidez y naturalidad, pero mediocres o decididamente ineptos a la hora de escucharlos.

La comunicación consiste no solo en el mensaje verbal que es al que habitualmente nos referimos para graficar el acto de comunicar, sino también en el mensaje no verbal. Así, los actos y comportamientos del individuo representan la comunicación no verbal. Incluso los gestos y expresiones faciales son comunicaciones con un alto impacto en sus dirigidos.

Se ha estimado que más del setenta por ciento de la comunicación es no verbal. De allí la importancia de que nuestra conducta - como entrenadores - sea coherente y consecuente con nuestra predica.-

Una comunicación puede ser ineficaz por múltiples motivos.

En primer termino, si un entrenador es un gran orador pero no genera en sus dirigidos la suficiente credibilidad, es posible que ese mensaje ni siquiera sea escuchado o recibido por ellos.

Otra razón que provoca incomunicación esta dada en función del contenido del mensaje.

Así, si el contenido de ese mensaje es erróneo para la situación, entonces habrá un déficit en la comunicación. Ejemplo: queremos transmitir seriedad y compromiso en un momento no adecuado como puede ser un tercer tiempo, donde el grado de dispersión es enorme.

Incluso puede ser que estemos en presencia de una comunicación ineficiente por razón de la forma. Ejemplo: para motivar el entrenador habla demasiado tranquilo y pausado, y no logra transmitir la energía suficiente para esa ocasión.

Otro déficit de comunicación esta dado en función de la capacidad de quien transmite.

Es lógico que quien carece de la habilidad para trasmitir no logre una buena comunicación.

Así, si el entrenador no tiene aptitud para generar atención, los jugadores no pondrán la disposición necesaria para escucharlo.

Asimismo la falla en la comunicación puede ser causada no solo por una falencia del entrenador como hemos observado en los puntos anteriores, sino que el problema puede residir en el jugador o incluso en ambos.

Para evitar que la comunicación se torne ineficaz, el entrenador deberá trabajar en distintos aspectos tendientes a perfeccionar las habilidades que hacen a una eficaz intercomunicación.

A continuación detallamos las siete habilidades más importantes en materia de comunicación:

1.- Desarrollar la credibilidad

Es lo más importante y el punto de partida para desarrollar luego las demás habilidades comunicacionales.

Por mas que el coach tenga un discurso brillante, posea los conocimientos mas acabados del deporte y además sepa transmitirlos correctamente, si no genera credibilidad sus jugadores no incorporaran ninguna enseñanza. En rigor, si los jugadores no te creen o no te respetan ni siquiera se detendrán a escucharte.

El carácter que inviste el entrenador, un cargo importante y prestigioso, imprime a quien lo ejerce de una gran credibilidad en un primer momento. Luego, los actos, gestos y actitudes hacia sus dirigidos hacen aumentar o menoscabar esa credibilidad inicial.

El desafío que tiene todo entrenador es no solo mantener su credibilidad inicial producto del cargo que ostenta – como ya dijimos – sino también apuntar a aumentarla con el paso del tiempo.

Tener un estilo abierto con sus dirigidos, ser coherente con sus palabras, ser honesto con el prójimo y ser sincero con sus conocimientos, no poniendo excusas si se ignora algún tema y tratando de no engañarlos, contribuye en gran medida para lograr credibilidad.

La credibilidad se destruye rápidamente, por ello debe cuidarse con especial recelo. Conseguir el respeto de sus jugadores implica también respetarlos a ellos. Si el entrenador da un discurso y no se prepara debidamente; si da una charla y lejos de prepararse improvisa; si no es capaz de admitir un error, no esta respetando a sus jugadores y por ende seria ilógico que ellos lo respetaran.

El respeto no se exige sino que debe ganarse, con su comportamiento, conducta y actitudes.

Es importante lograr el respeto de sus jugadores porque con ello se gana en credibilidad.

2.- Comunicar con un enfoque positivo

Ello implica que la comunicación del entrenador con sus jugadores se debe centrar en “lo bueno” en lugar de lo malo.

Un ejemplo de dirección positiva podría ser: “Juan, gracias por sentarte rápido para escuchar”. Un ejemplo de dirección negativa sería el siguiente: “Pedro, no hables que no pueden escuchar los demás”.

La dirección positiva implica reforzar los comportamientos correctos e ignorar y suprimir los negativos. Está demostrado que cuando las clases están caracterizadas por interacciones negativas el nivel alcanzado por los estudiantes es bajo.

3.- Comunicar mensajes ricos en información

Para que un mensaje sea rico en información tiene que tener distintos condimentos o ingredientes. Es necesario que no sea un monólogo, sino que se deberá interactuar con sus jugadores, para que ello pregunten y enriquezcan el diálogo.

Además, entregar estadísticas por ejemplo, contribuye muchas veces a fijar un mensaje con mayor fuerza. Explicarles porqué se debe actuar de una u otra manera es también fortalecer el mensaje.

Ejemplo: si los jugadores hacen algo de manera incorrecta o deficiente, se debe explicarles porqué y entregarles asimismo la solución de cómo hacerlo correctamente.-

4.- Comunicar con coherencia

Es una habilidad fundamental porque no tener coherencia en la comunicación es atentar contra lo más importante: la credibilidad. Aquel entrenador que predica una cosa y hace otra no es coherente con su accionar y perderá entonces credibilidad.

Un entrenador que insiste en la imperiosa necesidad de ser puntual y respetuoso con el otro y luego llega tarde a cada una de sus citas, no estará predicando con el ejemplo. Aquel coach que predica hasta el hartazgo que no se debe hablar con el referí y luego se pasa todo el partido criticando, entonces tampoco estará contribuyendo a ser consecuente con sus palabras.-

5.- Aprender a escuchar

Es una habilidad importante pero muy poco utilizada. Hemos dicho que en el acto de comunicar interviene no solo el que trasmite el mensaje, sino también el que lo recibe; por ello sino observamos el comportamiento corporal y las respuestas del otro no sabremos si nuestro mensaje llega eficazmente, ni tampoco las inquietudes y dudas que su alocución generan.

Ser buen oyente es tan importante como ser buen orador, porque la comunicación es escuchar al otro y ser escuchado.

La escucha activa, a través de la comunicación no verbal (ejemplo: asintiendo) implica interactuar con el otro. Si el entrenador asiente estará otorgando pruebas de que está escuchando y comprendiendo lo que sus jugadores le están diciendo.

Prestarles atención en su alocución implica respetar a sus jugadores; y no escucharlos es menospreciar la importancia del mensaje que ellos puedan entregar.

El hombre soberbio no sabe escuchar y por ende no deja hablar al otro. Posiblemente porque cree que lo que él dice es más importante y significativo que lo que dice el prójimo.

No hay dudas que el hombre observador y atento del mensaje ajeno esta en las mejores condiciones de aprender y enriquecerse con el discurso ajeno. Por el contrario, aquel entrenador sin humildad, descree que algo valioso pueda surgir en boca de otros, y no hace culto al silencio como primera medida para aprender a escuchar.

6.- Adecuarse a los oyentes

Es una virtud fundamental. Significa ser capaz de explicar algo conforme a sus oyentes y sus singulares características. Adecuarse a los que lo escuchan, es ponerse al servicio de sus oyentes y no viceversa. La capacidad de amoldarse a sus oyentes es vital para que estos reciban el mensaje de la manera mas clara y sencilla posible.

En ese sentido, obviamente no es lo mismo que quien escucha sea un profesional universitario que un joven jugador sin colegio secundario terminado.

Si el entrenador esta dando una charla técnica a sus jugadores, no podemos hablar con un lenguaje técnico y difícil como si estuviera disertando en una conferencia ante catedráticos o profesionales.

De la misma manera, si el entrenador da una clínica a otros colegas, hablar con sentido vulgar tampoco sería el léxico recomendado.

Aquel entrenador que se acopla a sus oyentes, demuestra por sobre todo humildad y respeto por ellos.

Así como un entrenador debe elaborar una estrategia para el partido conforme las características y capacidad de los jugadores con los que cuenta, del mismo modo deberá adecuar su discurso a la altura intelectual de sus oyentes.

En materia de comunicación es similar. Son los entrenadores los que deben acoplarse a sus jugadores y no viceversa.

7.- Mejorar la comunicación no verbal

Habitualmente la comunicación no verbal es a la que menos importancia se le presta, cuando, a decir verdad, es tremendamente decisiva para transmitir un mensaje y representa en la práctica el setenta por ciento de la comunicación.

Es un instrumento muy eficaz para lograr llegar a sus oyentes.

La comunicación no verbal comprende no solo el movimiento del cuerpo, los gestos e incluso la posición del cuerpo mientras uno habla, sino también todas las conductas y comportamientos del entrenador, no solo en el ejercicio de sus funciones sino también en otros ámbitos.

Ello es así, porque se es entrenador siempre y en todo momento (incluso fuera del club o el campo de juego) y por ende se debe hacer honor a ese cargo en cualquier momento y circunstancia.

Los gestos, por ejemplo, muchas veces dicen “mas que mil palabras”, por ello la importancia de utilizarlos en forma adecuada.

Asimismo, el movimiento de cuerpo y de las manos, por citar un caso, tiende a romper la monotonía de un discurso chato y aburrido y contribuye muchas veces a generar la atención de la audiencia.

Cualquier acción del entrenador, ya sea dentro o fuera del campo de juego, es una comunicación no verbal.

Perfeccionar toda la gama de actos que implican la comunicación no verbal contribuirá enormemente a que el mensaje llegue de la mejor manera.

Por Sebastián Perasso