Lunes, Mayo 29, 2017
   
Tamaño del Texto
Banner

Uber clásico

Share

Dos personas, en dos puntos diferentes de Montevideo, piden desde su smartphone un vehículo que los traslade hacia el Estadio Centenario utilizando la aplicación Uber, que pese a todas las barreras que intentó trazarle la Intendencia (véase fosa con cocodrilos, inmersiones de cabeza en agua mediante y algún que otro chofer atado al tripalium) funciona en forma normal dentro del departamento (de vez en cuando algún anti-empresas-que-generan-competencia golpea dos o tres conductores de Uber y es liberado al grito de "¡pegarle a un capitalista asqueroso no es delito!").

El primero viaja con la camiseta de Nacional y es trasladado por un chofer hincha fanático de Peñarol:

- ¡Así que vas para el estadio!

- Si, ¡por supuesto! ¡Hoy más que nunca a ver al bolso!

- Eso me di cuenta, pero estaba a punto de llevarte al tablado, ¡si son una murga!

- ¡Uhhh! Vas a ver que Alonso les hace tres hoy, uno con cada pierna y otro de cabeza, todos a llorar al cuartito...

- ¿Ese que lleva un gol en clásicos que en realidad no lo hizo el pero lo salió festejando igual? ¡Dale! ¡Si a Forlán le tienen un susto bárbaro!

Así siguió la conversación mientras en el segundo coche, se daba la situación inversa. El "Manya" viajaba en el asiento trasero y el "Bolso" tenía el volante entre sus manos:

- ¿Así que sos del cuadrito del año 13?

- ¿Y vos sos del sin acta?

- ¡Dale! Siganse adjudicando copas del CURRC que papá gana las de verdad.

- ¡Uy, sí! La Copa Aldao es un torneo importantísimo... Tendríamos que usar una de esas para darle de comer maíz a la gallina inflable.

- ¡Gallina son todos ustedes que siempre arrugan! ¡Arrugan en las buenas y en las malas!

¿Cuál de los dos viajes terminó en la comisaría tras un hecho de violencia?

El primero.

Sí, así como lo ve, el conductor frenó en un semáforo en pleno Boulevard Artigas y un avivado rompió el vidrio y le robó el smartphone al muchacho que viajaba cómodamente en el asiento de atrás.

El segundo casi termina mal, porque ninguno de los dos fue respetuoso en ningún momento con el otro, pero como ambos supieron diferenciar que una camiseta no vale más que una vida, se dieron un abrazo y se agendaron los teléfonos, prometiéndose que sea cual sea el resultado del partido (menos un empate) se iban a gastar cuando el árbitro lleve el silbato a su boca y marque el final del encuentro.

¡NO A LA VIOLENCIA!

Por Andrés Gómez
@pandaUY

* Todo lo escrito en esta historia es ficticio y a modo de humor. Si usted cree que roza la realidad o se parece a ésta, quedará a su entero criterio.