Martes, Septiembre 26, 2017
   
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Los derechos torcidos

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El aire estaba espeso en la calle Guayabos. Las noticias no fueron las mejores, claro está, y ellos tenían más incógnitas que certezas.

- ¿Con longaniza y champiniones o choclo y jamón? - dijo uno de los presentes mientras miraba el folleto del bar que ahora frecuentaban tras el rechazo de Carlitos.

- ¡Pedí las dos! - comentó un petizo bonachón dispuesto a gastar más de lo que debía para suplir su angustia oral.

Llamaron cinco veces a Francisco pero no les atendió el teléfono. El juez dictó el peor fallo posible y se habían quedado sin fondos para pagarle a la empleada, por lo que hicieron el juego del "palito más corto" para ver quién tenía que lavar la losa.

- ¡Francisco estuvo declarando! ¡Llamalo ahora que te atiende! - gritó desde la otra sala el más veterano de los allí reunidos, quien estaba recostado en una silla con respaldo retráctil mirando cómodamente la televisión.

El teléfono sonó dos, tres, cuatro veces, hasta que en el quinto tono respondió una voz misteriosa al tan ansiado llamado.

- Pizzería, buenas tardes...

Después de pedir las pizzas, finalmente llamaron a Francisco para ver qué hacían con los derechos de televisión. Sin chances de cancelar el contrato, él era su única esperanza.

- ¡Francisco querido! ¿Cómo estás? ¡Al fin respo...

- ¿Tan difícil es? - dijo el hombre con voz calma pero cortante - ¿Les pedí acaso que reactivaran un submarino de la Segunda Guerra Mundial? ¿Les pedí un trasplante de cerebelo? ¡¿Qué les pedí?¡ - agregó levantando apenas el tono.

- Si... Es que... Bueno, vos sabes que lo entrevistaron a Víc...

- ¡No me importa! El acuerdo era uno: yo les daba la información y ustedes hacían la denuncia, se hacían cargo y no me metían a mí en el medio. Era así de simple - le comentó mientras juntaba el pulgar con el índice haciendo el gesto natural de quien marca que algo era pequeño, como si su receptor del otro lado del tubo pudiera verlo - pero no sirven ni para avisar quien viene... Bueno... En realidad para eso sirven, pero para decir quién vino...

Acto seguido, cortó el teléfono y lo que eran caras de esperanza, antes de la llamada, se convirtieron en caras de pánico. Más aún cuando sonó el timbre y ninguno tenía en sus bolsillos dinero suficiente para pagarle al delivery.

- Disculpá flaco, ¿en el bar aceptan dos entradas para la Olímpica como forma de pago?

Por Andrés Gómez
@pandaUY

* Todo lo escrito en esta historia es ficticio y a modo de humor. Si usted cree que roza la realidad o se parece a ésta, quedará a su entero criterio.