Lunes, Noviembre 20, 2017
   
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Memoria, disfrute, y un sueño de ojos abiertos

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Restan apenas algunas horas para que se dispare lo que para cualquier fanático del fútbol, es el momento más esperado para sentarse en una tribuna, o frente al televisor, y vivir con intensidad, y hasta un toque cinematográfico, varias dosis de noventa minutos del deporte más lindo del mundo, sabiendo que en cada uno de esos instantes, podría suceder algo que quede grabado para siempre en la memoria, no solo de ese hincha, si no también del planeta entero.

Muchas cosas conspiran para que esto suceda, la copa del mundo se juega solo cada cuatro años, esto de por si ya le agrega un dramatismo muy particular, ya que en la victoria o en la más cruel derrota, habrá que esperar mucho tiempo, y si se tienen la suerte y la pericia para clasificar al mundial siguiente, allí revalidar o cobrarse revancha de lo que sucedió antes.

Se juega contra los mejores, y es claramente la oportunidad en la que se abre una especie de portal mágico que brinda la posibilidad de meterse en la historia para siempre y tal vez que muchas décadas después, se siga hablando de aquel penal errado, de ese gol en la hora, de una gran jugada, o simplemente de como el juez validó un gol cuando la pelota no había entrado al arco.

Todo cobra un color especial, lo decisivo será dramático y un final feliz podría ser motivo de que algún director de cine vaya pensando en el guión para su mejor película. No se necesita ser un sociólogo para saber que durante los días en que dura un mundial, habrán lágrimas de tristeza y de alegría alrededor del mundo entero.

Desde este pequeño país escondido en un rincón al sur del mundo, se plantea una chance que al menos las generaciones que aún no peinan canas, no han tenido, y es la de valorar la posibilidad de ver a Uruguay en un mundial, pero esta vez a un Uruguay que no es menos que ninguno, y que puede plantarse frente a cualquier rival sabiendo que cuenta con el caudal deportivo necesario como para que no sea ningún milagro ganarle a cualquiera que se le cruce en el camino.

Es bueno entonces, hacer uso de esa memoria a la que evocamos en el título de esta nota, y recordar que no hace mucho la celeste se quedó durante 12 años fuera de la fiesta, para luego volver en 2002, sin que nadie esperara prácticamente que el papel fuera digno, porque fuimos con un plantel donde muchos ni siquiera eran figuras en el medio local, porque los que estaban en Europa jugaban poco y nada en sus equipos, y porque el cuerpo técnico que estaba a cargo del barco, era de dudosa capacidad para el manejo de una instancia de ese tipo.

Así fue como Uruguay no hizo pie, y se fue en primera fase como todos esperaban, con la alegría al menos de haber dicho ''Presente'', pero sabiendo con claridad que eso tiene gusto a poco para cualquier hincha de un país acostumbrado a cosas grandes a lo largo de su historia.

Llegó el mundial siguiente, Alemania 2006, y volvimos a mirar con un dejo importante de tristeza, como entre esos 32 equipos que pulseaban por hacer historia, no estaba nuestra casaca celeste.

Los aires cambiaron, y cuatro años después Uruguay si dijo ''Presente'', pero con otro rostro, con una cara mucho más parecida a la que la propia historia del fútbol narra en sus libros. Cuarto puesto, que pudo ser mucho más, o hasta pudo ser menos. Pero en el avión nos trajimos mucho más que un cuarto puesto, nos trajimos el diploma de haber revalidado el nombre de un país con sangre de campeón. Gracias a un plantel, esta vez si con figuras importantes, y gracias a un cuerpo técnico brillante. Conjunto de humanos que poco tiempo después viajaron a Argentina, y como otras tantas veces, empujaron a vacío al equipo local (que como lo acostumbra su historia, ya era campeón antes de jugar), y se trajeron la copa América número 15 a casa.

Ya hicimos un poco de memoria, es buen momento entonces de entender la oportunidad que se nos presenta frente a los ojos, que es la de valorar y disfrutar, como pocas veces, esta posibilidad de esperar con una ansiedad particular el comienzo de la copa del mundo, sabiendo que la celeste estará entre los 32 privilegiados, y estará con ese mismo cuerpo técnico y prácticamente el mismo plantel que nos han regalado momentos que hacia  muchos años no teníamos la suerte de vivir.

¿Hace cuanto Uruguay no llega a un mundial con el optimismo de saber que no le teme a ninguno?, estamos seguramente en el grupo más difícil de la copa, y la mayoría de nosotros elige entre Italia o Inglaterra para analizar cual de los dos se va a quedar afuera. Y créanme, nunca el Uruguayo es optimista porque sí, el Uruguayo necesita una lista de cien argumentos para tenerle fe a algo.

Claramente en esta ocasión, esa lista está llena, y pase lo que pase, porque en el fútbol los resultados nunca están garantizados, tenemos una chance tal vez única de sentarnos frente al televisor, o de viajar a Brasil, con la sospecha de que algo grande podría pasar. Y eso no es poca cosa, es nada menos que la chance que ese equipo dirigido por un verdadero ''Maestro'' nos ha regalado para este Brasil 2014, y es la chance de soñar.

Pero no es un sueño de esos que quien duerme podría fabular sin herramienta alguna. Este es distinto, nos subimos al avión con una mochila llena de argumentos, que al repasarlos, y ponerlos arriba de la mesa para apilarlos, nos permiten darnos el lujo, salvo que seamos el ser más necio y pesimista del país, de soñar, al menos por esta vez, con los ojos bien abiertos.

Por Bernardo Fernández