Martes, Septiembre 26, 2017
   
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Deporte: Filosofia para la Vida - Terminando el año!

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 Época de “balances”?

Y quien no comenzó ya a recordar los éxitos y fracasos que nos deja este 2011?
Ahora bien, cuál es el criterio que utilizamos para definir determinados acontecimientos como éxitos o fracasos?

Tanto en la vida como en el deporte, que entendemos como una manifestación socio cultural de enorme importancia, punto sobre  el que nos hemos extendido en cada una de las columnas que hemos escrito desde que inauguramos esta sección, el significado de éxito está directamente relacionado con  los objetivos que nos hemos planteado.

Leyendo un artículo muy interesante, el autor, C. Giesenow, distingue diferentes tipos de metas y, en función de la obtención de ellas, es que el resultado puede ser considerado un éxito, o no.

-   Metas de Resultado: orientadas exclusivamente hacia el resultado de una competencia. Alcanzar estas metas no depende únicamente de lo que uno realice sino que pueden interferir muchos factores como el nivel del rival, la suerte, etc., por lo tanto, alcanzar este tipo de metas no está totalmente bajo el control del deportista.

-   Metas de Tarea (o Rendimiento): se focalizan en alcanzar un standard de rendimiento independientemente de otros competidores. Dicho de otro modo, competimos con nosotros mismos, Ej.: superar el rendimiento propio alcanzado en una performance anterior.

-   Metas de Proceso: se centran en las acciones que el individuo debe realizar para ejecutar bien una tarea. Están relacionadas con el perfeccionamiento de la técnica. Aunque no garantizan un buen resultado llevan a la persona focalizar en las estrategias relevantes y los procesos necesarios para tener una buena performance.

Para el autor, resulta más aconsejable plantearse metas de tarea y de proceso porque son las que están bajo el control del deportista, son las que marcan la dirección a seguir y los resultados llegan como consecuencia de ellas.

Las metas de resultado, no dependen exclusivamente de cada deportista, y representan una presión adicional porque el objetivo es “ganar” y,  como ya hemos visto en el desarrollo de nuestro anterior trabajo, el hecho de “ganar” está sobrevalorado socialmente.

No obstante, debemos reconocer que estas metas, ayudan a mantener la motivación elevada, aunque generan mayor ansiedad.

Concluimos, entonces, que si los objetivos que nos propusimos, aquí llamados “metas” fueron logrados, entonces, ese acontecimiento representa un éxito.  Pero en nuestra vida cotidiana, y pretendiendo establecer un paralelismo con la actividad deportiva, la no obtención de determinadas “metas” transforma determinados acontecimientos  en “fracasos”?

Les diré que mi pensamiento no va en esa dirección…la no concreción de un objetivo, resulta una mayor motivación para encarar un nuevo desafío.  Creo que si dejamos de experimentar esa sensación de “fracaso”, comenzamos a recorrer el camino del aprendizaje verdadero: la vida es una sucesión de aciertos y errores…éstos últimos deben ser más motivadores aun, que los primeros.  

Recordando una cita de un exitoso empresario vinculado a la comercialización de los  equipos de computación, éste afirmaba: “he cometido varios errores a lo largo de estos años; pero yo no veo mis errores como un fracaso, sino como la oportunidad de aprender, siempre he sido capaz de levantarme y seguir adelante”.

Y, para ir redondeando, me encantó la idea de citar las palabras de un gran deportista, un virtuoso del tenis, Rafa Nadal, quien, en un descanso de un partido,  dijo a su entrenador en los vestuarios: “Puede que no gane el partido, pero no voy a fallar”.

Esta frase sintetiza la gran diferencia entre el error y el fracaso. Porque nadie fracasa si pone su máximo talento y esfuerzo en una tarea. Tal vez  se equivoque, puede que pierda, pero nunca fracasa.

Es también un claro signo de dignidad personal y profesional, de estar a la altura de los acontecimientos en todo momento, de no rendirse ni  fallarse a uno mismo.  Es un ejemplo digno de admiración, entender que  la verdadera batalla la libramos con nosotros mismos, nunca con adversarios externos. “Los rivales son la excusa necesaria” hemos dicho;   el verdadero desafío es con uno mismo.

Por lo tanto, sigamos recorriendo el camino, despojémonos de la innecesaria necesidad  de realizar la “valoración anual” de acontecimientos pasados, proponiéndonos nuevas metas con entusiasmo, actitud positiva, pero sobre todo, sin miedos.

Felicidades y hasta el próximo año!

Prof. Sylvia López Lago