Viernes, Julio 21, 2017
   
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Deporte: Filosofia para la Vida - La Copa América, el fútbol y la Ética

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 Retornando y retomando nuestra columna, luego de un paréntesis forzoso mientras se desarrollaba la Copa América, y tomando como pretexto la excelente campaña y el brillante resultado de nuestra Selección, procuraremos ver como se vinculan la ética y el fútbol.

Es un hecho comprobado que el deporte en general,  y el fútbol, en particular por estas latitudes, desencadena pasiones, en algunas ocasiones, difíciles de controlar.   Pero indaguemos un poco en los actores, dejando para un análisis posterior a los espectadores.

Cuando hablamos de pasión, no estamos refiriéndonos exclusivamente al sentimiento de adhesión y entusiasmo…también estamos hablando de los  “miedos”  que suelen generar conductas que paralizan,  y conducen  a los deportistas a tomar decisiones inadecuadas que repercuten en el juego colectivo.

Poco beneficioso es también el entusiasmo exacerbado, ya que tiende a disminuir el autocontrol, pudiendo generar situaciones de violencia.

Ahora bien, estos dos comportamientos situados en  extremos opuestos,  no implican un compromiso responsable y, por lo tanto, ético.

En este punto corresponde definir que entendemos como Ética.
Brevemente diremos que: la Ética es una disciplina que reflexiona sobre lo moral, aunque se tiende erróneamente a pensar que ética y moral son la misma cosa.
De acuerdo con la definición clásica, la Ética tiene como objeto de análisis los actos que el ser humano realiza en forma “conciente y libre”, emitiendo un juicio sobre éstos.

El fútbol, como el resto de los deportes,  se desarrolla dentro de ciertas normas que conforman su marco ético.
En ese contexto, el jugador procura obtener placer en el desarrollo de su actividad, tomando decisiones libremente que, cuando son tomadas en forma adecuada, devienen en conductas personales positivas, adquiriendo un compromiso personal y colectivo.

El fútbol es un juego de equipo, y por lo tanto, cada actitud personal, repercutirá inevitablemente en los compañeros y se reflejará en  la obtención de buenos o malos resultados.  Pero, para hablar de resultados, debemos incorporar a nuevos actores: los llamados “oponentes”; sin ellos no podríamos cerrar el círculo.

El oponente es el rival a ser vencido, y ese es el primer objetivo  dentro de la  cancha, pero es necesario entenderlo como el “complementario imprescindible” 

Las normas que regulan el hecho deportivo deben ser correctamente interpretadas, y aplicadas por todos los protagonistas en cada encuentro.  El grado de compromiso personal de cada uno de los protagonistas en su  aplicación garantiza un eficaz desarrollo del espectáculo.
La consecuencia inmediata del cumplimiento del compromiso deportivo incide en la persona en términos de valores saludables.

De ahí la insistencia y persistencia de los profesionales en el área de la medicina, en la recomendación de la inclusión del deporte a la vida cotidiana: mejora nuestras condiciones de vida en el aspecto físico, a la vez  que nos permite la incorporación de  normas que nos disciplinan mentalmente, provocando una sensación de saludable bienestar.
Esto pone de manifiesto que existe un estrecho vínculo entre la Ética y la felicidad que analizaremos en una próxima entrega. 

Para  ir cerrando, se me ocurre dejar planteada una reflexión:
en momentos donde se debate intensamente sobre cláusulas contractuales con respecto a los derechos (o no) para la televisación de las eliminatorias, y se argumenta de ambas partes sobre la legalidad e ilegalidad de dichas cláusulas,  muchos de los protagonistas optan por calificar las actitudes de sus “oponentes” como “poco éticas”…
Y mi reflexión ante, y entre tanto alegato y cuestionamiento moral es:
la legalidad va siempre de la mano de la Ética … y si no fuera el caso?

Prof. Sylvia López Lago