Miércoles, Noviembre 22, 2017
   
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El tiro del final

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Nacional finalizó un discreto Torneo Clausura, despidiéndose así del Campeonato Uruguayo, como no lo esperaba: perdiendo nuevamente, sin estilo, carente de rebeldía, totalmente falto de fútbol y actitud. Como dice el tango, ni el tiro del final le salió.

La eliminación de la Copa Libertadores caló hondo en el plantel tricolor, que apenas cosechó un punto de los últimos doce jugados a nivel doméstico (ante Peñarol, en el recordado empate 2 a 2, con amargo sabor a derrota), perdiendo consecutivamente los tres encuentros finales (dos de ellos de local y el restante de visita frente a uno de los equipos descendidos). Se desinfló. Se rifó buena parte del certamen, la última, justo cuando los puntos más duelen (como los ojos del hincha cuando ve los centros del Pacha Espino a la carrera).

Tras el decepcionante desenlace, que hasta casi lo deja fuera de la próxima edición de la ansiada Libertadores, evidentemente influenciado por la lógica lluvia de dudas que cayó sobre su trabajo, Gustavo Adolfo Munúa resolvió presentar su renuncia y dar un paso al costado como DT albo.

Sin perjuicio del primer pensamiento de buena parte de la hinchada e incluso de la Directiva tricolor, en nuestra opinión la decisión del joven entrenador es acertada.

¿Por qué? ¿No será un razonamiento simplista / resultadista? ¿Cuál es la razón de hacer preguntas que yo mismo formulé para responder en función de mi conveniencia? Bueno, agradeciendo las consultas, realmente entiendo que se escucha muy bien que los procesos deben respetarse, pero no seamos necios: para que suceda deben venir acompañados de algunos resultados y en la Era Munúa -de apenas un año- esto no ocurrió.

La estadística dice que ningún técnico de equipo grande, por más de la casa que resulte ser, puede permitirse una sequía de victorias como la padecida, sin que ello importe su inevitable alejamiento. Y, más allá de las circunstancias, es valorable que esta se produzca en forma voluntaria.

Es que más temprano que tarde, por la propia presión acumulada, el crédito comenzaría a agotarse y ante cualquier nuevo traspié, por mínimo que fuere, la dirigencia cedería y el ex arquero terminaría destituido.

Nacional vuelve a empezar y la esperanza se renueva. Con otro técnico (Lasarte, Dely Valdés o, por qué no, el propio Léo Gamalho) y un nuevo estilo, de cara a un campeonato local especial y sin copas internacionales en el horizonte más cercano. Seguramente, con otro plantel, esperemos que más sano. Pero con un solo norte: volver a definir y salir campeón, como manda su historia.

Gustavo Munúa volverá. Nacional es su casa. En el Gran Parque Central siempre habrá lugar para ese saco gris y camisa al tono. Salú!

Por Gustavo Di Genio