Domingo, Octubre 22, 2017
   
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Peñarol no es hincha de Forlán

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La prueba inequívoca de que el campeonato que obtuvo Peñarol fue uno de los menos rentables en la historia del fútbol uruguayo, fue la atención acaparada a raíz del anuncio de Forlán de que marcharía seis meses antes de los previsto, haciendo uso de la cláusula de rescisión que contemplaba su contrato.

A pocas horas de haber obtenido el campeonato número cincuenta en la historia mirasol, los focos de atención se corrieron rápidamente hacia el otrora "mejor jugador del mundo", confirmando lo que ya hemos venido diciendo en otras columnas, Peñarol, como institución, tiene, luego de haber concluido el año, más deberes que festejos por delante. Y no es por sacarle mérito, porque mal o bien, fue el que más puntos hizo. Pero eso no lo convierte necesariamente en el mejor, y mucho menos lo convierte en lo que los hinchas queremos de nuestra institución.

Mucho se dijo ya sobre la salida prematura del "10". Muchos hablan de que como gran estratega, desde que se fuera a jugar a Independiente a la precoz edad de dieciocho años, luego de jugar en las inferiores de Danubio y Peñarol, hasta su llegada y salida del club aurinegro, las decisiones del "cachavacha" tutoriadas por su padre, siempre reflejaron mesura y visión a largo plazo. Es así que rápidamente entendió que su desarrollo futbolístico debía comenzar en la vecina orilla antes de llegar a Europa. Y así fue. Luego de cuatro temporadas y cuarenta goles con "el rojo" de Avellaneda, cruzó el gran charco y se fue a jugar a otro rojo, en Manchester, donde luego de un comienzo irregular pudo comenzar a forjar el Forlán que nos cansaríamos de ver año tras año, vistiendo la casaca que sea. En las dos temporadas que jugó con los dirigidos por Ferguson convirtió diecisiete goles, para desembarcar en el Villarreal, y luego en el Atlético, abriendo el capítulo más prolífico de su carrera, donde obtuvo dos botas de oro y fue "pichichi" en dos oportunidades.

Tal vez en el momento más alto de su carrera, Uruguay no clasificó al mundial en Alemania 2006 y Forlán tuvo que esperar cuatro años para volver a dicha competición, luego de que en el 2002, y en aquella "lumpenizada celeste" ya hubiera mostrado alguna pincelada de lo que era capaz. Con 31 años de edad, se preparó de forma particular y casi obsesiva para poder jugar lo que él sabía que era su único mundial con la chance de ser competitivo. Y no sólo lo fue, sino que se llevó el balón de oro compartiendo el cetro de goleador. El broche de oro de su carrera deportiva tal vez fue la obtención al año siguiente de la quinceava copa América con Uruguay, obtenida en Argentina, y que confirmó que Sudáfrica no había sido una casualidad, ni para él ni para los dirigidos por Tabárez.

Desde ese entonces hasta recalar en Peñarol, Forlán tuvo un fugaz pasaje por el Inter de Milán, donde convirtió dos goles en veinte partidos, para luego marcharse al internacional de Porto Alegre, donde marcó veintidós en treinta y cuatro partidos, hasta llegar a Japón donde jugó para el Cerezo Osaka donde hizo diecinueve en  cuarenta y dos. Siempre, y fiel a su estilo, intentando hablar la lengua del país donde arribara. Dato que parece irrelevante pero que no lo es, teniendo en cuenta que lo que abunda en el fútbol es la incapacidad de hablar correctamente la lengua materna.

Es así que con treinta y seis años de edad y luego de haber quemado todos, o casi todos los cartuchos que tenía, es que recala finalmente en el club de sus amores. En el que siempre "soñó jugar". En el equipo del cual es hincha. Pero algo había cambiado, o peor aún, algo seguía igual desde que hábilmente se fuera a Independiente. Desde que decidiera él, ser independiente, y "zafar" de las perversas lógicas de nuestro apolillado fútbol;  Peñarol no es hincha de Forlán. Dicho de otra manera, nuestro fútbol no es hincha de "los forlán". Casi veinte años jugando en equipos híper profesionalizados lo habían hecho acostumbrar su físico y mente a una atmosfera que poco tiene que ver con la nuestra, donde si no ganas "sos un fracasado", donde dar tres pases seguidos es una utopía y donde si no bajas hasta tu área no hay nadie que se digne a pasarte la pelota. Donde lo único que importa es ganar, donde el presidente de la institución para la cual jugas hace de jueces o de los mismos jugadores, chivos expiatorios de sus propias malas gestiones, donde prolifera el lumpenaje en las tribunas y en el propio periodismo. Donde la mayoría de los cuadros son casi amateurs y varios de ellos lo son. Donde todo se trata de seguir el desenlace de los cuadros grandes y de reojo el del resto, para sólo ver cómo le hacen sombra, y los "grandes" no apostar a otra cosa que reflotar veteranos sin cartuchos que vuelven de Europa o vender precipitadamente a las jóvenes promesas que solo ansían marcharse.

El independiente, estratega y políglota Forlán se va de Peñarol, y muy posiblemente no termine su carrera aún. O sea, a pesar de haber dado la vuelta al mundo previo a su llegada, se va con algún resto para retirarse en cualquier lado, menos en el equipo del que es hincha. Así de mal están las cosas en Peñarol, que sus ídolos se van, casi sin haber llegado y antes de que sea "demasiado tarde".

Por Diego Paseyro