Sábado, Abril 29, 2017
   
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Finales de casacas cambiadas

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Gracias a la campaña hecha en el apertura, donde al finalmente campeón de la tabla anual, lo dirigía Pablo Javier Bengoechea, quien fuera despedido de manera artera por el ya impresentable (por supuesto que no personalmente como ya es costumbre), aunque queden chicos los apelativos para el actual presidente mirasol, por el supuesto motivo de "no ganar clásicos", racha que continuó el "polilla", Peñarol logró, de la manera más deslucida y sin merecimiento alguno, sobre todo en la parte final del clausura, erigirse como el equipo que más puntos hizo entre los dos torneos.

¡Qué baja está la cañada! ¿Este es el mejor equipo del año? ¿Este irresoluto equipo, incapaz de construir juego más allá de centros frontales y desbordes en "slow motion" del "vasquito" Aguirregaray, que tal vez logró, colectivamente hablando, en el empate contra Juventud, en el último partido del año, la mejor elaboración que se le vio hasta el momento, y que terminara en una buena definición de Murillo? Un posible "paquete cafetero" que se salva porque físicamente logra dar cierta intensidad y ha hecho algún que otro gol, las pocas veces que le ha quedado alguna para definir. Porque seamos justos con el colombiano, ¿quién lo asiste? Los centros a la marchanta no son jugadas de gol. Es más parecido a tirar un numerito en la rula que jugar al fútbol, más allá de que sea una legítima forma de hacer goles y que tantas alegrías nos haya dado a carboneros y uruguayos en general. Pero alguien en algún momento va a tener que decir, "che muchachos, ¿vamos a jugar?". Y dar con un equipo, que apueste a un proyecto y no sucumba ante dos clásicos de verano perdidos. Que confíe en los hombres que designe y no use como chivo expiatorio a jueces o a sus propios jugadores como sucedió esta semana en declaraciones del propio Damiani, que básicamente "se lavó las manos" como si él fuese el portero de "los aromos" y no quien preside a esta gloriosa institución. Poco serio. Indigno. "Low budget". Sinónimos de paupérrimo hay miles.

Y no quiero repetirme con respecto a la columna anterior, pero casi sucede lo que allí decía, Peñarol estuvo cerca de perder también la anual, si no fuera por esa atípica combinación de fútbol que redundó en el empate para sacar ese punto que era todo lo que precisaba, más allá de que Nacional ganara o perdiera. Mi pronóstico es que un equipo como Plaza, si no nos dejamos llevar por la historia o los presupuestos de uno y otro plantel, está en óptimas condiciones para dar el golpe de gracia e imponerse en las finales por el uruguayo. El dato de cuánto gasta un plantel es significativo pero no necesariamente tiene un correlato con el nivel futbolístico del que debería gozar. Por ejemplo, a mí me pueden llevar por cien "palos" al mes y aún así mis aportaciones serían nulas aunque el gasto duplicaría al de todo el plantel coloniense. Y eso pasa hoy en Peñarol. El presupuesto de Plaza debería de ser el de Peñarol y viceversa. Se vienen finales de casacas cambiadas donde el grande jugará de blanco y verde, y el chico será el de colores que, aunque gloriosos y sinónimo de jerarquía futbolística por su historia, actualmente le quedan enormes. Y como testigo silencioso de tanto mal fútbol, el verde césped del centenario, que en una especie de represalia orgánica ha decidido ponerse cada vez mas amarillo, a tono con el marchito nivel técnico que domingo a domingo le obligan a presenciar, y él, sin voz ni voto, ha decidido quejarse a su manera, con la única señal de protesta que es capaz de implementar. Porque sería casi bizarro jugar a las bochas en una mesa de billar.

Diego Paseyro